Elegí sabiamente para tu parrilla
El clásico indiscutible. Costillas cortadas transversalmente. El hueso aporta un sabor único.
Jugoso y fibroso. Su membrana ("cuerito") debe quedar crocante. Cocinar entero y lento.
Sabor intenso y cocción rápida. Ideal para picar primero. No le saques la piel para que quede crocante.
Cubre el costillar. Económico y sabroso, pero puede salir duro si se apura. Adobar con limón y paciencia.
La "joya del carnicero". Corte pequeño y escondido con mucha grasa intramuscular. Muy tierno.
Corte magro con una capa de grasa exterior. Tierno y elegante. Se recomienda comer jugoso o a punto.
Más veteado (marmoleado) que el bife de chorizo, lo que lo hace increíblemente tierno y sabroso.
Pieza entera magra y triangular. Ideal para rellenar o hacer mechada, pero sola a la parrilla es una manteca.
Fino y ancho. Un clásico para hacerlo "a la pizza". Cocinar primero del lado de la grasa hasta dorar bien.
El equivalente al asado vacuno. Huesitos, grasa y carne muy sabrosa. Limón al final es clave.
Corte del cuello con mucha grasa entreverada. Imposible que salga seca. Ideal para sándwiches (Bondipan).
Corte magro, cilíndrico y muy tierno. Se cocina rápido y queda excelente con mostaza y miel.
Más tierno que el de vaca. Se hace rápido y queda muy bien con limón y sal. Vuelta y vuelta.
La "entraña" del cerdo. Pequeño, muy sabroso y económico. Se cocina en un suspiro.